La sobrepesca

Siendo la pesca una de las actividades más importantes del país la cual proporciona alimentos, nutrición y es una fuente de ingresos para unos 820 millones de personas en todo el mundo, mediante su recolección, procesamiento, comercialización y distribución; también representa un peligro para el medio ambiente.

El impacto del ser humano en el medio ambiente ha sido muy grande desde la Revolución Industrial, causando grandes desequilibrios en los ecosistemas marinos; el exceso de pesca de peces o mariscos por parte del ser humano, pone en alerta la biodiversidad marina y el equilibrio ecológico.

La abundancia de las poblaciones de grandes predadores como el bacalao, el atún y el pez espada ha disminuido un 90% por culpa de la sobrepesca y se estima desde la parte científica que si la actividad de pesca sigue creciendo al ritmo actual, en 2048 habrá desaparecido cualquier pez en el mar.

En Colombia, el uso de métodos de pesca ilegales tales como la dinamita o los venenos, cuyo uso indiscriminado tiene un enorme impacto también en especies no comerciales, se observa frecuentemente en tanto en las costas caribeñas como en las del Pacífico. Del mismo modo, una pesquería industrial mal administrada, junto con una pesquería artesanal sin regulación alguna, dan como resultado que el país sea escasísima la viabilidad actual de las poblaciones de camarón.

Como si fuera poco, se calcula que apenas el 6% del peso total de la captura en las redes de arrastre corresponde a camarón, mientras que 40% es incidental, incluyendo otros invertebrados, peces y tortugas; y el 54% es descarte, el cual es tirado al mar (260 especies, entre peces pequeños y sin valor comercial, equinodermos, crustáceos, moluscos, corales y otros invertebrados).

La solución ante esta circunstancia está en reducir de manera importante la intensidad de la pesca a nivel local y mundial, gestionando así las cuotas de pesca con criterios de sostenibilidad ambiental y social. De igual manera, tampoco está de más combatir la contaminación marina practicando el turismo responsable y ayudando así a la salud de nuestros océanos

Por: Luisa Arango – Comunicadora Social y Periodista (UPB)

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