Inicialmente, es prudente entender que la seguridad marítima parte del análisis del entorno marítimo, reflejando así los intereses y las vulnerabilidades que en él habitan, buscando mantener el estado de Derecho en las zonas que se encuentran fuera de la jurisdicción nacional y proteger los intereses marítimos estratégicos de la Unión Europea (UE).
La seguridad marítima es entonces un plan común para mejorar el modo en que la UE se anticipa y responde a todos los retos ambientales marítimos que puedan afectar a personas, actividades o infraestructuras de la UE. Con una estrecha colaboración dentro de la UE, tanto a nivel regional como nacional se pretende aumentar la sensibilización y garantizar una mayor eficiencia de las operaciones marítimas. Ahora bien, ¿cómo lo hacen?
La red de academias y centros de formación de vigilancia costera de la UE (ECFGA NET) es un ejemplo, pues estos refuerzan la colaboración internacional en materia de formación, creando una red de instituciones de formación para desempeñar las funciones de guardacostas, lo que ha conducido a establecer un marco de cualificaciones común. Esta es gestionada por doce agencias de vigilancia costera de la UE y la red ha conseguido hasta ahora involucrar a treinta y siete centros de formación.
Y es que la seguridad marítima trata entonces temas como la protección de paz y seguridad, el estado de derecho y libertad de navegación, el control en las fronteras exteriores, las infraestructuras marítimas tales como puertos, protección del litoral, instalaciones comerciales, tuberías y cables submarinos, plataformas marinas y equipos científicos; además asiste a los recursos naturales comunes, salud medioambiental y preparación al cambio climático.
Finalmente, la estrategia de seguridad marítima ha permitido hacer un mejor uso de los recursos disponibles y participar en asociaciones internacionales más eficaces e íntegras, ya que La prosperidad y la paz de casi todos los territorios a nivel mundial dependen de unos mares y océanos seguros, protegidos y limpios.
Por: Luisa Arango – Comunicadora Social y Periodista (UPB)
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