El iceberg más grande del mundo que tiene aproximadamente una superficie de 5800 kilómetros cuadrados y pesa un billón de toneladas, tuvo una fractura en julio de 2017, y en los último días sufrió una ruptura con un fragmento de unos 175 kilómetros cuadrados y 19 kilómetros de largo.
Al desprenderse de las zonas polares, los icebergs se desplazan hacia latitudes medias, en parte ayudados por las corrientes marinas frías de origen ártico, como es el caso de la corriente del Labrador o Corriente de Groenlandia; como consecuencia de ello, estas grandes masas de hielo constituyen un obstáculo peligroso en las rutas de navegación marítima.
Aunque la gran masa de hielo se estuvo moviendo hacia el norte desde la península antártica, expertos apuntan a que posiblemente con las aguas más ásperas y cálidas, las corrientes permitan llevarlo hacia el Atlántico.
Las evidencias de la división del A-68C, como fue nombrado el fragmento que se desprendió en el mes de abril, se dio a conocer gracias a una imagen de radar tomada por el satélite Sentinel-1 de la Unión Europea, en donde se evidenció no solo su ruptura sino también el desgaste de pequeños trozos por todas partes.
Ahora bien, el derretimiento de los cascos polares no solo aumenta el nivel de los océanos, sino que también se pueden multiplicar los eventos meteorológicos extremos y desestabilizar el clima en algunas regiones en las próximas fechas, según un estudio publicado en revista Nature. Y es que los miles de millones de toneladas de agua procedentes de un deshielo podrían debilitar las corrientes oceánicas que actualmente transportan el agua fría hacia el sur, sumergiéndola hacia el fondo del Atlántico y empujando las aguas tropicales hacia el norte, más cerca de la superficie.
No obstante, se espera que la Antártida no se siga dividiendo en icebergs gigantes, para que el planeta siga disfrutando de la influencia que ejerce esta sobre muchos de sus procesos naturales, debido a su gran cantidad de hielo que se convierte en el motor que regula la atmósfera terrestre y su equilibrio global.
Por: Luisa Arango – Comunicadora Social y Periodista (UPB)
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