Para empezar es importante reconocer que el 90% de todos los metales fabricados a escala mundial son de hierro y acero, y hoy por hoy implican una serie de procesos complejos que afectan considerablemente al medio ambiente.
Pues bien, la industria de acero es una de las más importantes en los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo. Esta industria, a menudo, constituye la piedra angular de todo el sector industrial. Del mismo modo, su impacto económico tiene gran importancia, como fuente de trabajo, y como distribuidor de los productos básicos requeridos por muchas otras industrias, tales como: construcción, maquinaria, equipos, fabricación de vehículos de transporte y ferrocarriles.
Durante la fabricación de hierro y acero se producen grandes cantidades de aguas servidas y emisiones atmosféricas; las cuales si no son manejadas de forma consciente, puede causar mucha degradación de la tierra, del agua y del aire.
Así pues, el mineral de hierro se extrae para producir productos de acero, empleando coque y piedra caliza. Los procesos de conversión de estos implican los siguientes pasos: la producción de coque del carbón, y recuperación de los subproductos; la preparación del mineral; la producción de hierro y acero; y la fundición, laminación y acabado.
Ahora bien, para lograr un control de la contaminación atmosférica provocada por estos procesos, se deben estudiar detalladamente los precipitadores electroestáticos, los tipos de ciclones, la conversión adecuada de los polvos en pelotillas, los enfriadores de gases, los lavadores de “ventura”, y separadores, determinar el lavado de los gases de escape, estudiar los equipos para recuperar amoniaco, benceno y sulfuro de hidrógeno, los filtros de bolsa, la recuperación y reciclaje de monoxido de carbono y finalmente la recuperación del calor residual. Sin embargo, se considera necesario apoyar institucionalmente a los proyectos de hierro y acero, para lograr asegurar el manejo eficiente de las estrategias de control de la contaminación y de reducción de los desperdicios, y también para reducir al mínimo el impacto negativo potencial, sobre la calidad del aire y el agua, a causa de la fábrica.
Por: Luisa Arango – Comunicadora Social y Periodista (UPB)
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