Para empezar es imprescindible entender un poco mejor en qué consiste la también llamada radioctividad, este es pues un fenómeno que emite radiaciones espontáneas de partículas o rayos por el núcleo de un átomo, esta sirve para imprimir placas fotográficas, ionizar gases, producir fluorescencia, atravesar cuerpos opacos a la luz ordinaria, etc. Pero ¿qué causa entonces la radioactividad en el medio ambiente?
Aunque este fenómeno no es perceptible ni por la vista ni por el olfato, la liberación de grandes cantidades de material radioactivo tiene graves efectos sobre la salud pública y el medio ambiente, ya que existen más de 60 contaminantes radiactivos, que se acumulan en el ambiente.
Para mencionar algunos prototipos de contaminantes está el yodo, el estroncio 90 y el cesio, los cuales son los más perjudiciales para la salud humana, y aumentan el riesgo de padecer todo tipo de cánceres y disminuyen la inmunidad del organismo.
¿Cómo actúan en nuestro organismo? Por ejemplo, la afección del yodo es inmediata y provoca mutaciones en los genes, aumentando el riesgo de cáncer, especialmente de tiroides. Por otro lado está el cesio que se sitúa en los músculos; mientras el estroncio se acumula en los huesos, durante un periodo mínimo de 30 años.
En el medio ambiente todas estas radiaciones que se emiten por la radioactividad se depositan en el suelo y en el mar y se incorpora a la cadena alimentaria de los seres vivos mediante un proceso de bioacumulación. Esta va pasando de unos a otros, entre plantas, animales y seres humanos. En general, los efectos de la radiactividad son acumulativos y una exposición, aunque sea pequeña y continua, resulta peligrosa.
¿En qué objetos se da la radiactividad? Increíblemente se da en casi todas las cosas que a diario consumimos, tales como cigarrillos, lámparas fluorescentes, plátanos, teléfonos inalámbricos, nuez amazónica, televisores y arena para gatos.
Dentro de las medidas radioactivas que hoy se recomiendan están: Tomar distancia de los objetos anteriormente mencionados; informarte más sobre este fenómeno y dejar que la fuente radiactiva se desintegre. Recordemos que poco a poco todas las fuentes radiactivas van perdiendo fuerza y acaban dejando de serlo. Aunque no se nos olvide que ese tiempo puede ser muy lento o muy rápido dependiendo del tipo de fuente.
Por: Luisa Arango – Comunicadora Social y Periodista (UPB)
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